6 Formas de maleducar a un hijo


Cómo-decir-que-no-a-nuestros-niños

No cabe duda que los hijos no vienen con un manual de instrucciones y que nosotros los padres, nos preparamos previamente para tener una profesión, pero la profesión de padres la aprendemos muchas veces improvisando.

El día que te conviertes en padre o madre suele ser el momento más feliz de tu vida, pero desde ese momento empieza una gran aventura no siempre fácil para la que inicialmente no estamos preparados, aunque que duda cabe intentamos dar lo mejor de nosotros mismos, sin que esto sea garantía de éxito.

Durante todas las épocas los padres nos hemos equivocado en nuestra forma de educar, aunque también hemos acertado en otras muchas cosas, educar es un tira y afloja, un toma y daca, es exigir y comprender, proteger e independizar, aprender a superar defectos propios o combatir con ellos para así dar ejemplo, y es que nuestro comportamiento marcará desde el primer día la personalidad y forma de ser de nuestros pequeños.

Pero si en algo coinciden la mayoría de expertos educadores, psicólogos y pedagogos infantiles es que los padres de hoy día se preocupan en exceso por sus hijos y viven en un continuo afán por verles felices, dandoles todos los que les piden, incluso cosas que no necesitan.

Y si no, reflexionar sobre estas preguntas:

  1. ¿Cuántas veces tu hijo o hija te ha pedido un juguete en la calle y al llegar a casa ya no le ha prestado el más mínimo interés?
  2. ¿Cuántas veces nuestro hijo o hija ha roto un juguete y le hemos contestado no te preocupes ya compraremos otro?
  3. ¿Cuántas veces les preguntamos para que elijan sobre varias opciones como ir al cine o a jugar al parque?

Los padres de hoy día, los que nacimos en las décadas de los 60 y 70 pertenecemos a esa última generación en las que el deber de los hijos era cumplir con su obligación de estudiar, enfocados a que con una formación universitaria llegaría el ansiado salto de estatus tan ansiado por nuestros padres permitiéndonos un mejor nivel de vida, al igual que era impensable un mal comportamiento en la escuela porque rápidamente escuchábamos la temida frase de “algo habrás hecho” o “siempre estás dando el mingo, no cesas de darme sofocaciones”.

En aquella época suspender era prácticamente un delito, era una deshonra y cuando te “cascaban algún suspenso” ibas pensando el argumentario para amortiguar el escarmiento que te esperaba. Pero también era la época del desconocimiento total de la psicología infantil (dislexias, dislalias, TDHA, disgrafías, etc), entonces los niños se reducían a listos, torpes, del pelotón, flojos y patosos.

Y eso nos hizo pensar, sobre todo a los que sufrimos alguna etiqueta, como la que suscribe, nos juramos que nuestros hijos no sufrirían ciertas cosas que de niños sufrimos. Y quizás ahí haya estado el error, hoy día todo son atenciones, todo es estar pendiente, toda nuestra vida gira en torno a ellos, y a lo mejor, con el salto generacional hemos pasado de un extremo a otro.

Quizás la exigencia de antes, unida a las avanzadas técnicas en materia de educación de hoy, puede que sea la receta perfecta, aunque claro, como todo hay mucho por hablar, pero si hay algo claro, es que hay seis formas claras de maleducar a nuestros hijos, y estas son:

  1. Cariño, ¿Qué se te apetece comer hoy?  Dar a elegir a nuestros hijos no es una mala técnica a la hora de educar siempre y cuando lo hagamos dentro de unos límites razonables, lo que no es bueno es dejar que el niño siempre decida como en el caso del ejemplo que come cada día. Los niños han de comer de todo, y si bien es cierto que algún día a modo de premio, podemos dejar que el peque elija la comida, por regla general seremos nosotros los que debemos configurar un menú adecuado para sus necesidades. Aunque este punto también puede aplicarse a otros ejemplos como: ¿Vamos al parque o juegas con la Play? Los padres hemos de ser los que establezcamos horarios en función no solo de las necesidades del niño, sino de la propia familia, el niño ha de entender que vive en una sociedad que se rige por normas y cuánto antes lo comprenda mejor se adaptará a su entorno.
  2. Se te ha roto la tablet o el móvil, no te preocupes ya compraremos otro. A Alejandra los Reyes le trajeron una tablet, sus padres hicieron un gran esfuerzo para gastar 199 euros en su regalo, Alejandra es una estudiante ejemplar y ambos estaban moralmente convencidos que su pequeña lo merecía, a pesar de solo tener ocho años, decidieron dar el capricho a su hija. Pasado un mes, Alejandra tuvo una rabieta y al tirar un cojín no se dio cuenta que la tablet estaba en el filo de su mesa de noche, y tuvo la mala suerte de que cayera al suelo y se rompiera la tablet que tanto trabajo había costado pagar a sus padres. Ante el incidente la niña escuchó: “No te preocupes, la llevaremos a arreglar y si no reuniremos para comprarte una nueva”. Cuando lo correcto hubiera sido hacer ver a Alejandra que si hubiera colocado bien la tablet a la hora de cargarla y no la hubiera dejado al filo, esto no hubiera ocurrido, y que las rabietas no conducen a nada bueno y que la ira puede llegar a hacer daño y que ahora estaba sufriendo por su comportamiento, y que aunque la perdonábamos porque nosotros como adultos también nos equivocamos, que el esfuerzo para hacer ese regalo había sido muy grande y que de alguna forma tendría que ayudar para que pudieramos mandarla a arreglar. De esta forma, Alejandra aprendería a valorar el esfuerzo que hay que realizar hacer las cosas y no creería que puede tener las cosas tan solo con pedirlas.
  3. ¿Quieres dinero? No te preocupes toma. Dar dinero a los hijos sin que sea necesario, puede convertirse en un serio problema, en primer lugar porque no aprenderán a valorarlo, y en segundo lugar porque ya lo exigirán incluso cuando no podamos darlo porque la familia pueda estar pasando un bache económico, además esta práctica puede ser muy peligrosa durante la adolescencia. Un menor con todas sus necesidades cubiertas en casa no necesita dinero habitualmente, aunque no es mala idea comenzar a dar una paga a los adolescentes para que se acostumbren a administrarse.
  4. Hoy no se me apetece, estoy muy cansad@. Esta es la frase típica de los padres y madres que están cansados de la jornada. Bien porque trabajan fuera de casa, bien porque los agobios de los trasiegos del hogar pasan factura, pero ¿cuántas veces hemos puesto una excusa para no hacer algo con nuestros hijos? Si no compartimos tiempo con ellos, si no nos comunicamos desde que son pequeños, si no los escuchamos, cuando lleguen a la adolescencia quizás sea tarde y nos quejemos de que no nos cuentan nada. La comunicación es algo fundamental en la relación padre/madre-hij@.
  5. Tranquilo, yo te arreglo tu cuarto. Pepe es un chico responsable, deportista y saca unas notas excelentes. Desde pequeño su madre le ha dicho que hay que estudiar mucho y trabajar duro para tener un buen futuro. Sin embargo, Pepe no ayuda en casa apenas, ni tan siquiera recoge su habitación, por la tarde cuando Marisa, su madre, vuelve del trabajo ordena el cuarto de Pepe, no quiere quitar a su hijo tiempo para estudiar. Ahora a Marisa le han cambiado el turno y tiene que trabajar mañana y tarde, han empezado los problemas entre ellos, ya que Pepe no colabora y Marisa está muy cansada, ya que Álvaro el padre de Pepe es marino mercante y pasa pequeñas temporadas en casa. ¿Cómo hacer que Pepe con 15 años comience a ser responsable para sus cosas como lo es con sus estudios? Para evitar estas situaciones, lo mejor es educarlos en la responsabilidad de las tareas del hogar desde pequeños, y hacerles ver que la casa llevada entre todos es más amena y permite a la familia poder disfrutar más tiempo juntos.
  6. Mi hijo el pobre no puede, es muy torpe. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase en la puerta del colegio a alguna madre amiga? A Pablito le han suspendido mates, su madre se afana en arroparlo, claro “el pobre Pablito sale a mí, cuando yo era pequeña siempre suspendía matemáticas, el pobre no puede hacer más y encima ese profesor que le ha tocado que explica fatal, ni que el niño estuviera haciendo oposiciones a notaría”, comentaba su madre a la salida del colegio a un grupo de madres. Con esta actitud estamos impidiendo que Pablito se esfuerce y de por perdido el hecho de aprobar la asignatura de matemáticas, estamos frenando su desarrollo personal y al final podemos crear un niño inseguro lleno de complejos y que abandona el camino con facilidad. Una vez alguien dijo: “Si quieres hacer daño a alguien tenle lástima”, y es una de las mayores verdades que he escuchado. Hemos de educar a nuestros hijos en la superación personal y el esfuerzo, ayudarles a aceptar las derrotas y a llevar con humildad sus éxitos. Si a Pablito le cuestan las mates habrá que analizar que ocurre, que se está haciendo mal y si por nosotros mismos no somos capaces de dar con el problema, ponernos en manos de un profesional que pueda ayudar a Pablito a superar su dificultad.

Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Conocéis otras formas de maleducar? ¿Qué os ha parecido el artículo? Esperamos vuestras opiniones.

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